Las Baleares son un archipiélago, compuesto por cinco islas (Mallorca, Menorca, Cabrera, Ibiza y Formentera), situado en el Mediterráneo occidental. El clima balear es mediterráneo puro, con temperaturas suaves: entre 16ºC y 17,5ºC de promedio anual. Su clima suave con más de 300 días de sol al año, sus bellísimos paisajes y playas, su amplísima oferta cultural, sus posibilidades de ocio o relax y la hospitalidad de sus habitantes las han convertido en un lugar cosmopolita visitado desde todos los lugares del mundo, a veces para pasar vacaciones, y a veces para quedarse para siempre.

El turismo es la principal base de la economía balear. Es la autonomía española que cuenta con mayor número establecimientos hosteleros, y con mayor número de apartamentos para el visitante.

 

Las primeras manifestaciones artísticas del archipiélago son las esculturas talayóticas. De la colonización romana queda el teatro de Alcudia. De la época musulmana cabe citar el palacio de la Almudaina, en Mallorca y diferentes poblaciones que han conservado el aspecto de aquella época, como Fornalutx. En el siglo XIII, después de la conquista de las islas por el reino catalano-aragonés, se inician las construcciones góticas, entre las que destacan el castillo de Bellver, la lonja y la catedral de Palma de Mallorca.

La superficie protegida de las islas supera el 40% de su territorio. Más de 45 áreas naturales de especial protección reúnen hasta el momento la isla de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Seis de estos espacios cuentan con un régimen de protección especial: La Reserva Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera y los Parques naturales de s’Albufera, Mondragó, sa Dragonera y s’Albufera des Grau, además del Parque Nacional de Cabrera. Menorca se beneficia además del sello internacional de Reserva de la Biosfera. Recientemente cuatro enclaves históricos y naturales de la isla de Ibiza han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: Las praderas de Posidonia, el barrio de Dalt Vila, la Necrópolis del Puig des Molins y el Yacimiento de Sa Caleta. Ibiza y Formentera, además de envidiables playas, cuentan con un ecosistema común que, desde una perspectiva aérea, parece unir ambas islas. Se trata de Ses Salines, su reserva natural más famosa.

Los deportes náuticos son algunas de las actividades más apreciadas por los visitantes a las islas. Las competiciones marítimas componen auténticos hitos en el calendario deportivo, en especial la regatas de vela de en la bahía de Palma. En sus aguas se disputan el Trofeo Princesa Sofía, la Copa de Su Majestad el Rey y el Trofeo Almirante Conde de Barcelona , competiciones avaladas por el prestigio internacional. El submarinismo se ha convertido también en los últimos años en una de las ofertas más demandada en Baleares, siendo un lugar perfecto para apreciar la fauna y flora de las costas mediterráneas.

Otro deporte cada vez más enraizado en esta comunidad es el golf. Las Baleares constituyen un paraíso para los amantes de este deporte; el incipiente turismo de invierno, deseoso de ejercitarse en este deporte, ha hecho que proliferen los clubs para su práctica. En la actualidad un total de catorce clubs de alto nivel dan la posibilidad de practicar este deporte en auge.

 

Para el que le gusten las compras, las islas Baleares son el lugar propicio para adquirir artesanía en vidrio, joyería, cerámica, bordados, piel, artículos en plata o bisutería. La comarca de Manacor, en Mallorca, es famosa por sus perlas cultivadas y gozan de un merecido prestigio mundial. Por otro lado, un municipio mallorquín, Marratxí, es conocido como ‘la tierra del barro’ por su especialización en este tipo de artesanía.

La cocina tradicional de las Baleares, fruto de una milenaria actividad pesquera y campesina, es muy rica y variada. La ensaimada es el conocido bollo dulce cuyo nombre proviene de la manteca de cerdo que sirve de base en la elaboración de la masa. La sobrassada, el botifarró y el camaiot son embutidos típicos de la zona.

De entre las fiestas populares destaca la de San Joan de Ciutadella, con las tradicionales cabalgatas ecuestres, las ensortilles, que consiste en ensartar un aro al galope con la punta de una lanza, y los ‘jaleos’ en los que los caballos se encabritan entre la multitud. Los más bailes tradicionales son el bolero balear y la jota, con sus variantes, los copeos y las maitexes. En Ibiza, son destacables los bailes típicos de sa curt y en Menorca se cantan los fandangos menorquines.

Cuando se habla de las Baleares en el mundo una de las palabras que más a menudo surgen es Ibiza. La transformación de Ibiza en centro turístico de primer orden, pero, además de ello, de lugar de peregrinación de muchos movimientos juveniles, empezó en los años setenta con la llegada de los hippies, que adoptaron el lugar como uno de sus centros de peregrinaje. Esto produjo un cambio cultural que se sumó al comenzado por la llegada de artistas europeos que vieron a Ibiza como un paraíso cercano. La vida nocturna de Ibiza es salvaje y llena de energía. La moda ibicenca, surgida del cosmopolitismo y la tolerancia, es un referente en todo el mundo y la música en Ibiza tiene una importancia fundamental ya que la isla es una de las cunas del rave y sus discotecas se han convertido en un hito de la marcha europea. La vida nocturna de Ibiza es legendaria, y sus clubs y bares en torno a San Antonio son una auténtica meca para Djs de todo el mundo.